Álvaro Ramos

¿Cómo es posible medir el resultado de un espacio de diálogo político (sobre políticas públicas) que debe asesorar a los órganos ejecutivos de un bloque de integración regional? Seguramente por el número de recomendaciones elevadas a los órganos competentes. Mejor aún por el número de recomendaciones que son adoptadas en forma de decisiones y mejor aún cuántas de ellas son adoptadas por los gobiernos que hacen parte del bloque. En forma simultánea, medir el grado de participación y aporte al debate de la sociedad civil que participa de este espacio. Es decir, cuántas propuestas fundamentadas fueron presentadas por las organizaciones sociales, cuántas fueron preparadas por consenso entre gobiernos y organizaciones, cuántas contaron con los aportes decisivos de las organizaciones al momento de su formulación.
Son algunos indicadores que pueden mostrar si la reunión está viva, pujante y enriquece el proceso de integración en su ámbito específico de interés.
Luego de nueve años de REAF, creo sin lugar a dudas que esta ha salido airosa en este sentido y no solamente ha colaborado con el proceso de integración con recomendaciones que luego se han hecho decisiones y que también luego han enriquecido el debate político en cada uno de los países socios y en muchos casos se han transformado en políticas e instrumentos de estas. También por su forma de funcionar, su metodología de trabajo, las reglas de juego, definidas y aceptadas entre todos los participantes, sus rutinas de reuniones semestrales y las de cada sección nacional han mostrado un modelo de participación comprometida y eficaz, que han seguido luego otros órganos asesores del MERCOSUR.
El gran desafío, ahora que comprobamos que aquella preocupación del ministro Cassel fue tomada en cuenta y que tanto funcionarios de los gobiernos como dirigentes de las organizaciones sociales, es no quedarnos en el cumplimiento de la liturgia de reuniones periódicas, sin compartir la fe en una participación comprometida, informada, equilibrada y en un diálogo constructivo que siga aportando recomendaciones coherentes y pertinentes, desde una agenda construida en forma consensuada.
Refrescar la agenda de la REAF, como propuso la delegación de Uruguay hace ya unos meses, es una forma de volver a dar un impulso creativo al diálogo. Revisar los temas que hace tiempo están en la agenda, mirar sus avances, clausurar procesos de debate técnico y políticamente adoptar decisiones sobre su evolución, que puede ser profundizar o ampliar puntos de vista sobre un mismo tema, o cerrar el debate por el momento y bajar el tema de la agenda con madurez. Esto despeja las capacidades de funcionarios y dirigentes parar incorporar temas nuevos, para mirar con más amplitud el campo de las políticas públicas. También poder analizar y emitir juicios y recomendaciones sobre el comercio internacional y el de las negociaciones comerciales sobre agricultura, los impactos de las crisis financieras internacionales, los precios de los alimentos, la seguridad alimentaria o las empresas de economía social (cooperativas) como herramientas para el comercio de productos de la agricultura familiar, y luego cómo todo ellos se traducen en acciones, recomendaciones y políticas que fortalezcan el proceso de integración regional desde la óptica de la agricultura familiar.
Poner o proponer nuevos temas en la agenda como hizo la sociedad civil en la XI REAF de Porto Alegre en diciembre de 2006 y que de alguna forma luego orientaron los debates posteriores, requiere de un despeje de la cancha para poder mirar más lejos.
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